San Luis 2022: tengo el Encuentro con agujeritos

¿Qué pasó para que por primera vez en 35 años haya dos Encuentros? ¿Hay uno que incluye y otro que excluye? ¿Cómo nos paramos frente a esta ruptura? ¿Vamos por la unidad y discutimos hacia adentro o mejor separades para poner en evidencia que hay diferencias irreconciliables?

Desde el Primer Encuentro Nacional, en 1986, en el que alrededor de mil mujeres de distintos lugares del país se juntaron en el Teatro San Martín de Buenos Aires, hasta el último, en 2019, con 300 mil mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales en las calles de La Plata, territorio querandí, pasaron cosas.

Para empezar, 34 encuentros en 15 provincias de todo el país. Pasó la ley de divorcio, la de patria potestad, la de Matrimonio Igualitario. Pasó el Ni Una Menos. La ley de Identidad de Género, la de Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y la Ley Micaela. Pasaron los paros nacionales e internacionales de Mujeres y LGBT+. Se despenalizó y legalizó el aborto. Se sancionó el cupo laboral travesti trans.

Pasó la historia de la democracia y ellas, elles, nosotres, ustedes fuimos parte de la lucha por la conquista de derechos. Mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, intersexuales, no binaries. Indígenas, originarias, afro, negras, racializadas, migrantes. Sindicalistas, precarizadas, trabajadoras de la economía popular, amas de casa, cooperativizadas, campesinas, autocultivadoras. Madres, abuelas, hijas. Niñas, adolescentes, jóvenes, adultas. Políticas, militantes, intelectuales, científicas, putas, universitarias, secundarias, músicas, dibujantes, actrices, artesanas, médicas, periodistas, enfermeras, bailarinas. Gordas, diversas, no hegemónicas.

Con debates, talleres cada vez más multitudinarios, marchas, asambleas, broncas, angustias, alegrías, triunfos, con una diversidad cada vez más amplia, año a año, fuimos consolidando un movimiento feminista masivo desde las diferencias, desde la calle, con la mística y la sabiduría de las históricas, el empuje de las jóvenes y la irreverencia de las pibas.

¿Qué pasó, entonces, para que por primera vez en 35 años haya dos encuentros, con distintas fechas y consignas? Uno será en octubre: Plurinacional, de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries. Otro, un mes después: Nacional, sólo de Mujeres.

Ambos serán por primera vez en la provincia de San Luis, territorio Huarpe, Comechingón y Ranquel.

La discusión de nombrar al Encuentro “plurinacional” no es nueva. En la 32° edición en Chaco, las mujeres y disidencias de las naciones originarias propusieron que en 2018 el evento fuera en Chubut. La llegada a las tierras ancestrales mapuches del sur fue el contexto para dar el debate. Así fue que en Trelew la mayoría de los sectores pidió declarar al Encuentro Plurinacional e incluir a todas las disidencias sexuales que participan: lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries. El cambio no tuvo quorum y la discusión pasó a La Plata.

En La Plata ya se formaron dos comisiones desde el vamos: la oficial, que se negó a acordar el cambio de nombre y una paralela, la Campaña Somos Plurinacional, que impulsó el debate por el cambio de identidad con distintas actividades.

En el cierre tampoco hubo acuerdo. Y así llegamos a los preparativos de San Luis con dos encuentros.

Para Adriana Carrasco, militante lesbiana feminista y periodista, hay contradicciones antagónicas. “Entiendo que es una señal de que las contradicciones que habitan lo que antiguamente se llamaba movimiento de mujeres, y que está integrado por movimientos sociales, movimientos de liberación feministas, transfeministas, de lesbianas, lesbianes, no binaries, travestis, trans, etcétera, muchos de los cuales participan desde hace décadas en los encuentros, han terminado de alinearse como contradicciones antagónicas”, dijo a Cosecha Roja.

Carrasco también es una histórica: fue parte de la comisión organizadora del Primer Encuentro Nacional de Mujeres de 1986. “El Encuentro siempre ha tenido por objeto ampliar derechos, ampliar el horizonte de luchas, mal podría manifestar ese espíritu un Encuentro paralelo que pretende restringir y recortar derechos, que no reconoce a todes les compañeres que hacen el Encuentro”, opinó.

Para ella, se trata de un encuentro paralelo que se niega a habitar el siglo XXI y promueve permanecer en horizontes que ya hemos sobrepasado y desbordado hace décadas:

“Es como volver al colegio de señoritas. Pasaron muchas cosas. Hay compañeras, compañeros y compañeres que transicionaron. Hay una juventud que no se crió con las restricciones que padecimos nosotras y ve el mundo de otra manera, y tiene derecho a construir el mundo que quiere de aquí a los 50 años o más que van vivir”.

Cosecha Roja habló con integrantes de ambas comisiones. Las dos asumen que la ruptura no es nueva y viene de 2019, cuando se formaron dos comisiones paralelas.

En el medio hay acusaciones varias: quienes organizan el Encuentro Nacional de Mujeres, en su mayoría militantes del Partido Comunista Revolucionario (PCR) y de la Corriente Clasista Combativa (CCC), dicen que sintieron violentadas, canceladas y expulsadas de la primera plenaria que se realizó en el comedor universitario de San Luis.

Las impulsoras del Encuentro Plurinacional aseguran que en esa plenaria “se llegó al consenso de que no podíamos seguir nombrándonos Encuentro Nacional de Mujeres”. “Como perdieron el debate, armaron un espacio paralelo”, dijo a Cosecha Roja Pamela Mackey, de la comisión de comunicación y prensa.

“Cuestionamos la idea de Nacional en el sentido de que el Encuentro lo hacen también las migrantes, las indígenas que cuestionan esta idea de nación que las excluye y que incluso cuestionan el feminismo y se llaman antipatriarcales, las negras que reclaman sus formas de organización y la inclusión de su perspectiva y que se sienten incluidas en lo plurinacional y no en lo nacional que esclavizó a muchas de nuestras ancestras”,

dijo Carrasco. “Plurinacional incluye, no expulsa. El viejo criterio de Encuentro Nacional de Mujeres no incluye a todes, expulsa a muchas, a muches y a muchos”, concluyó.

Además de reconocer la multiplicidad de naciones que nos conforman, el otro punto de debate es la diversidad de identidades que son parte de cada Encuentro.

“Frente a la demanda de muches compañeres, hay otro sector que se sigue parando desde un lugar de biologicismo, en un discurso de que cuando hablamos de mujeres nombramos a todes”,

dicen desde la Comisión Organizadora del Plurinacional. “Creemos que nos paramos desde el lugar de acompañar esa dinámica del movimiento feminista, reconocer la mujer blanca cis hetero clase media no es la única sujeta del feminismo. Tenemos que visibilizarlas, reconocer a esas compañeras que el sistema se encargó de invisibilizar”.

Para la CO del Encuentro Nacional, el concepto de mujeres basta para incluirlas a todas. “Las diversidades estuvieron siempre incluidas, siempre que una sea o se sienta mujer, el encuentro es de todas”, dice.

-Pero al no nombrarlas, se las invisibiliza.

-Pero eso (el cambio de nombre del Encuentro) es algo que no podemos resolver desde la comisión organizadora. Eso tiene que surgir de los talleres, de las plenarias con todas las que asisten a los Encuentros. Nosotras no tenemos la potestad de hacer esos cambios, eso lo tienen que decidir las mujeres protagonistas de los Encuentros.

Otra vez: el debate y la decisión mayoritaria en los talleres y los Encuentros de Chaco hasta acá acordaron cambiar el nombre por uno que incluyera a las diversidades y reconociera el territorio como plurinacional. Y también fue un grito que se escuchó en cada marcha de cierre desde 2017 para acá.

Como sea, en el medio de esta ruptura quedamos cientos de miles de mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y no binaries en un contexto visiblemente hostil para todes nosotres, quienes nos sentimos parte del movimiento feminista.

Que los transfeminismos se hayan consolidado como un movimiento diverso, plurinacional y masivo que estuvo al frente de las grandes luchas y reivindicaciones de derechos de la última década no es gratis. El movimiento transfeminista es el foco, en los últimos años, de los ataques de las nuevas derechas fundamentalistas.

Argentina no es ajena al fenómeno antiderechos que se posicionó en varios países de Latinoamérica, como Brasil y Perú. Lo vivimos durante el debate de la ley de aborto, con el financiamiento de la Iglesia Evangélica, y lo vivimos ahora con una avanzada contra todos los derechos ganados.

En nuestro país, particularmente, somos el motivo por cada fracaso o paso en falso de este gobierno: si se pierden las elecciones, la culpa la tenemos las feministas, si aumenta la pobreza, es culpa de las feministas, si hay una crisis habitacional, los privilegios son de las travestis y trans.

Como parte de esa avanzada, un Encuentro sin las diversidades es lo que pregonan desde hace años las llamadas TERF. Las feministas transexcluyentes que siguen una corriente biologicista y que, en ese sentido, también funcionan como antiderechos.

La convocatoria de los dos Encuentros por separado sólo trajo, por ahora, confusión. ¿A cuál vamos? ¿Ya es definitivo? ¿No hay posibilidad de unidad? ¿Es mejor así? Si la gobernación de San Luis y los ministerios nacionales garantizan parte de los recursos y espacios públicos, ¿cómo va a ser esa división? ¿Igualitaria? ¿A unas más que a otras?

Para muchas, el mostrarnos (y sabernos) divididas nunca es positivo y en este contexto quizás es lo peor que puede pasarnos como movimiento. Un movimiento que incluye no sólo a diversidades, sino a compañeres de todas las ideologías político partidarias. Y que nunca fue ajeno a los debates internos. Es más: para eso sirven los Encuentros.

En esa línea coinciden quienes plantean que los debates hay que darlos hacia adentro y que lo fundamental es la unidad. Así lo expresaron en la Carta Abierta a las Comisiones Organizadoras del 35 Encuentro San Luis 2022, que hace unos días comenzó a circular:

“No nos hagan elegir entre participar en uno o en otro, no entreguemos este espacio que supimos construir y sostener por 35 años.”

Los movimientos de mujeres, feministas, de las diversidades somos protagonistas de la transformación social para el futuro y de la disputa de sentidos contra los sectores conservadores, fundamentalistas y de derechas que están más vigentes que nunca. Por eso, nos necesitamos unides, diverses, transversales y sobre todo, sin perder de vista nuestra capacidad de estrategia. Para derrotar a los fascismos no podemos hacerlo de otra forma”.

También hay compañeras que no consideran tan dramática la división. Por el contrario, plantean que es una manera de visibilizar que hay un sector excluyente (el que mantiene el nombre “Nacional de Mujeres”) con el que no se puede dialogar.

Mientras vamos saliendo de la pandemia que nos empobreció, calculando cómo vamos a solventar el viaje a San Luis y la estadía con nuestros sueldos precarios y devaluados, nos mandamos mensajes, participamos de debates y nos preguntamos entre nosotres qué hacer, con quiénes hablar, cuál es la mejor estrategia. Nos acompañamos. Y eso también es el feminismo.

FUENTE: Cosecha Roja

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